Redacción Ecuador
ecuador@elcomercio.com
Hasta el mediodía de ayer, el ataúd estaba cercado por seis ramos de flores. Unas 25 personas rezaban frente al féretro.
Allí, la luz era tenue y en las paredes estaban colgadas las fotografías de los momentos más representativos de la líder indígena.
También sus condecoraciones y diplomas de reconocimiento que recibió.
El fallecimiento de Amaguaña no generó una gran movilización, hasta la mañana de ayer, en la comuna Pesillo, en Cayambe.
Los vecinos labraban la tierra y unos pocos vehículos llegaban hasta la humilde casa. Eran representantes de instituciones públicas como la Prefectura y el Ministerio de Agricultura. Había un pelotón de periodistas, quienes intentaban recoger declaraciones de los familiares, amigos y vecinos.
Ayer, el velatorio se realizó siguiendo la tradición de la zona. A la hora del almuerzo se sirvió caldo de borrego a los asistentes.
La comida fue financiada por los familiares y amigos de Amaguaña. La tulpa se encendió en la parte exterior del cuarto en donde se velaba el cadáver.
En ese lugar también, ya entrada la tarde, se armaban carpas para recibir a más visitantes durante la noche. Así lo comentó Mariano Tipanluisa, quien estuvo apersonado en la atención a los visitantes. Conocía desde hace años a la fallecida.
Luego del almuerzo, el ajetreo fue mayor en la comuna.
Los lugareños se organizaban en comisiones para recibir a los posibles invitados. “Aspiramos a que vengan autoridades, líderes del movimiento indígena y otras personalidades. Tránsito era muy reconocida”, comentaba Tipanluisa, mientras pedía más apoyo a sus vecinos.
Tránsito Amaguaña falleció a las 15:00 del domingo. Tenía 99 años y en septiembre cumplía 100. Su nuera, Guillermina Cerón, quien le atendió en los últimos meses, no dejaba de lamentarse. Entre sollozos y con su rostro desencajado por la tristeza, contaba que desde la semana pasada ya no comía y desde hace tres meses dormía todo el día.
La última vez que le escuchó hablar fue el pasado sábado. Con una voz temblorosa y quebrantada le pidió que no le trajeran más comida. “Para qué, ya mismo me comen los gusanos”, le dijo a su nuera. No recibió el plato de sopa y cerró los ojos y arrimó su cabeza a la pared.
Más tarde, Alba Amaguaña, hija de Tránsito, inútilmente intentó hacerle comer. La anciana movió la cabeza con mucho esfuerzo y clavó la mirada en el piso. Alba le tocó el rostro, estaba caliente, le acarició el cabello canoso y le preguntó ¿qué te pasa? “No me contestó. Suspiró profundo y se quedó inmóvil”.
Ella pensó que se había dormido, pero al siguiente día vieron que estaba muerta. “Su cuerpo estaba helado”. El entierro será el miércoles, al mediodía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario